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Sala didáctica

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Madrid

Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Del 5 de octubre de 2021 al 16 de enero de 2022

El 3 de mayo en Madrid
El 3 de mayo en Madrid

El 3 de mayo en Madrid o “Los fusilamientos”

El lienzo titulado indistintamente El 3 de mayo en Madrid o “Los fusilamientos” forma pareja con el denominado El 2 de mayo de 1808 en Madrid o «La lucha con los mamelucos». Ambos, de casi dos metros y medio de alto por tres y medio de largo, se conservan en el Museo del Prado.

Los dos representan los hechos producidos en 1808 que dieron origen a la Guerra de la Independencia entre españoles y franceses, aunque fueron pintados seis años después, en 1814, tras el fin del conflicto y con motivo del regreso al trono de Fernando VII. Los cuadros, posiblemente encargados por el Consejo de Regencia, formarían parte de los actos de conmemoración ideados para ese momento.

Cuando Goya los inició aún estaba trabajando en las estampas de la serie de los Desastres de la Guerra, con las que estos lienzos se relacionan directamente. Como en ellas, el artista se centra en la brutalidad de ambos bandos, sin decantarse por ninguno de los dos, destacando por encima de todo la sinrazón de toda guerra y sus consecuencias para la población civil. También se encuentran entre ellos analogías de tipo compositivo ya que son varias las estampas en las que aparecen pelotones de soldados vistos de espaldas, situados en paralelo disparando con sus fusiles a un grupo de personas situadas a la izquierda u otras en las que las víctimas se agrupan en el suelo de forma similar.

Con esta interpretación, Goya se alejaba de las representaciones que otros artistas coetáneos estaban haciendo del conflicto, en las que optaban por una perspectiva patriótica que incidía sobre todo en el heroísmo del bando español.

Este tipo de obras alimentó, desde el siglo XIX, la idea de un Goya que actuaba como un moderno reportero gráfico que contemplaba los acontecimientos en primera línea y los reflejaba de modo directo en sus obras. Sin embargo, como toda su producción, tanto la serie de los Desastres de la guerra como estos dos lienzos son fruto de la conceptualización del artista. Se basan en hechos reales, pero están sometidos a la complejidad inventiva del pintor, en la que tiene un extraordinario peso la tradición artística. De hecho, se ha señalado la posibilidad de que, para realizar la escena de Los Fusilamientos, Goya se inspirase en el aguafuerte titulado Los cinco religiosos fusilados en Murviedro, realizada en 1813 por Miguel Gamborino.

Los dos cuadros del 2 y el 3 de mayo se complementan; representan dos escenas que están relacionadas entre sí, como si se tratase de un díptico. La carga de los mamelucos muestra el violento ataque del pueblo de Madrid a las tropas francesas, comandadas por el francés Murat y entre las que se contaban los aguerridos mamelucos de la Guardia Imperial. Por el contrario, el lienzo de Los Fusilamientos refleja las consecuencias de dicho levantamiento, reprimido mediante la ejecución de quienes habían tomado parte en él.

Todo en esta composición está pensado para destacar lo trágico del acontecimiento. Tiene lugar a las afueras de la ciudad, en un lugar que no se ha podido identificar claramente y que, en los distintos estudios, se ubica en un sitio u otro, aunque la posibilidad más factible es que Goya lo esté situando a la salida de la Puerta de la Vega, que se hallaba al final de la calle Mayor.

Se produce durante una noche muy cerrada, recurso que Goya utiliza para dar mayor dramatismo por el contraste que se crea con la escena principal, iluminada mediante un gran farol. En primer término, en la parte más cercana al espectador, aparecen los cuerpos ensangrentados de quienes acaban de ser fusilados, pintados con una técnica más abocetada para no desviar la atención del grupo central, donde se encuentran los que van a ser ejecutados de inmediato, mientras que, al fondo, también con una técnica más sumaria, se distingue a los que correrán la misma suerte poco tiempo después.

El pelotón de ejecución, compuesto por granaderos de línea y marineros de la guardia con uniforme de campaña y capote gris, forman un compacto e impenetrable conjunto que se opone al grupo de los prisioneros, en el que incluso hay un fraile, y que se caracteriza por la variedad de sus actitudes, por los distintos modos de afrontar un final que es inminente y que no pueden evitar, como parece recordar asimismo el montículo que, a sus espaldas, impide cualquier posibilidad de fuga.

Como es habitual en el artista, resulta magistral su capacidad para mostrar los sentimientos de los distintos personajes, en los que se advierte claramente miedo, desesperación, clemencia o rabia.

Entre todas las víctimas Goya destaca a un personaje que aparece arrodillado y con los brazos en alto, y al que, por su camisa blanca y calzones amarillos, algunos autores identifican como el hombre que, en el cuadro del 2 de mayo, aparece en primer término, atacando la montura de un soldado francés. Con este recurso, Goya estaría remarcando la sucesión de los distintos hechos.

La baja valoración de estos cuadros a su llegada al Museo del Prado en 1834, en 8.000 reales cada uno, frente a los 80.000 en que, en cambio, se evaluó el retrato de la Familia de Carlos IV, podrían mostrar que no gustó excesivamente el modo en que Goya plasmó los acontecimientos. Sin embargo, su influencia posterior en artistas como Manet o Picasso, que prácticamente reprodujeron la composición de este cuadro en creaciones suyas, es ejemplo de su verdadera significación.